Cuando viajamos a Europa, lo hacemos con distintas expectativas: conocer determinados lugares, recorrer sitios históricos, realizar compras y, para quienes aman el arte, visitar los templos que resguardan valiosas reliquias y los museos icónicos, como el Prado, el Louvre o los Uffizi, entre muchos otros. Sin embargo, lo que más suele llamar la atención del turista es el excelente estado de conservación de pinturas, mosaicos y esculturas cuya antigüedad se remonta a dos, tres o incluso cuatro siglos; esto sin dudas refleja el interés de cada país por preservar, conservar y exhibir su patrimonio cultural. De esos viajes regresamos deslumbrados por tanta belleza que, pese al paso del tiempo, se mantiene en un estado de conservación admirable. No obstante, muchas veces ignoramos el vasto caudal artístico que posee la Argentina y, dentro de ella, especialmente Tucumán, que alberga obras de nuestra gran Lola Mora, cuyas esculturas no tienen menor valor que muchas de las que admiramos en Europa. Me refiero, en particular, a las más conocidas que nuestra provincia atesora: la hermosa figura de “La Libertad”, que embellece la Plaza Independencia; el notable “Alberdi”, ubicado en la plaza homónima; los magníficos bajorrelieves de la Casa Histórica; además de diversos retratos en carbonilla. Lamentablemente, muy cerca de Tucumán, apenas cruzando el límite con Salta, existe un bajorrelieve prácticamente desconocido de Lola Mora que nadie se ha ocupado de conservar. Se encuentra sobre una tumba en el cementerio de El Tala, localidad ubicada en el extremo sur de la provincia de Salta, a unos 90 km al Norte de San Miguel de Tucumán y a 16 km al Norte de Trancas. Está tallada en piedra negra, similar al basalto, y se encuentra en un estado de absoluto abandono, al punto de correr serio riesgo de desaparición por falta de atención y preservación. Este valioso testimonio artístico se halla en la bóveda de don Francisco Victoriano Zelarayán, primer jefe de estación de El Tala, también conocida como Ruiz de los Llanos. La obra representa a una joven mujer en actitud de profundo desconsuelo, con la cabeza inclinada; en una mano sostiene un ramo de flores y en la otra, un pañuelo. Desde hace tiempo, presenta una profunda grieta y un deterioro tal que amenaza con destruirla. Ya en 2005, los diarios “Clarín” (edición del 12 de diciembre) y “El Tribuno” de Salta se hicieron eco de esta situación, denunciando el abandono en que se encontraba la obra. Sin embargo, aquellos reclamos no tuvieron respuesta ni derivaron en trabajos de restauración; tan solo se levantaron muros de ladrillos para protegerla. Situaciones como esta resultan impensables en otros lugares, donde se recurre a cualquier medio para poner en valor el patrimonio cultural y atraer al turismo, y mucho menos en Europa, donde la conservación constituye una verdadera política de Estado. ¿Qué valor tiene esta obra? Es, sin duda, imposible de cuantificar en términos económicos. Por desidia e indiferencia de las autoridades locales y provinciales, se pone en riesgo la desaparición de esta valiosísima creación de nuestra gran artista argentina, cuya obra ha trascendido el tiempo y el espacio.

Silvia Neme de Mejail 

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